Un día maravilloso para algunos.
Para otros, otro día para recordar a los que no están.
lunes, 14 de febrero de 2011
domingo, 13 de febrero de 2011
Pesadilla
Camino por una calle solitaria llena de coches aparcados. Es de noche. La luna se oculta tras las nubes que amenazan con descargar agua sobre la dormida ciudad. ¿Qué es eso? ¿Una persona? ¿Un niño, tal vez?
Al final de la calle puedo distinguir una borrosa figura de un cuerpo. Me abrocho la chaqueta: hace frío, mucho frío.
De repente, ya no estoy en aquella calle mal iluminada, sino en una habitación. Es pequeña, con una sola ventana y ninguna puerta. Huele a humedad y a algo que no puedo identificar en un primer momento. Olfateo pegándome a las mugrientas y verdes paredes. El olor es una mezcla de naranja con chocolate.
Miro por la ventana: no hay nada. Solo oscuridad. Como si colocaran una enorme sábana que cubiera el mundo y apagaran el sol.
Cojo una piedra que descansa en el alféizar de la ventana y la tiro fuera de la habitación, cerca de la ventana. Agudizo el oído. Silencio. Pasan los minutos y parece que la piedrecita no choca con nada, como si no hubiera suelo.
Decido saltar y, no sé cómo, acabo en una estación de metro. Hay una señora sentada en un banco de madera junto a un carro de bebé donde un infante duerme sobre unos periódicos.
Me acerco con cautela y veo que la señora levanta la cabeza. No puedo evitar un grito: no tiene ojos, solo una gran cicatriz abierta por el que asoman varios dientes debajo de una nariz rota. Retrocedo de inmediato.
No sé dónde estoy. No sé qué pasa.
Tengo miedo
Al final de la calle puedo distinguir una borrosa figura de un cuerpo. Me abrocho la chaqueta: hace frío, mucho frío.
De repente, ya no estoy en aquella calle mal iluminada, sino en una habitación. Es pequeña, con una sola ventana y ninguna puerta. Huele a humedad y a algo que no puedo identificar en un primer momento. Olfateo pegándome a las mugrientas y verdes paredes. El olor es una mezcla de naranja con chocolate.
Miro por la ventana: no hay nada. Solo oscuridad. Como si colocaran una enorme sábana que cubiera el mundo y apagaran el sol.
Cojo una piedra que descansa en el alféizar de la ventana y la tiro fuera de la habitación, cerca de la ventana. Agudizo el oído. Silencio. Pasan los minutos y parece que la piedrecita no choca con nada, como si no hubiera suelo.
Decido saltar y, no sé cómo, acabo en una estación de metro. Hay una señora sentada en un banco de madera junto a un carro de bebé donde un infante duerme sobre unos periódicos.
Me acerco con cautela y veo que la señora levanta la cabeza. No puedo evitar un grito: no tiene ojos, solo una gran cicatriz abierta por el que asoman varios dientes debajo de una nariz rota. Retrocedo de inmediato.
No sé dónde estoy. No sé qué pasa.
Tengo miedo
Pesadilla
Camino por una calle solitaria llena de coches aparcados. Es de noche. La luna se oculta tras las nubes que amenazan con descargar agua sobre la dormida ciudad.
¿Qué es eso? ¿Una persona? ¿Un niño, tal vez?
Al final de la calle puedo distinguir una borrosa figura de un cuerpo.
Me abrocho la chaqueta: hace frío, mucho frío.
De repente, ya no estoy en aquella calle mal iluminada, sino en una habitación. Es pequeña, con una sola ventana y ninguna puerta. Huele a humedad y a algo que no puedo identificar en un primer momento. Olfateo pegándome a las mugrientas y verdes paredes. El olor es una mezcla de naranja con chocolate.
Miro por la ventana: no hay nada. Solo oscuridad. Como si colocaran una enorme sábana negra tapando al mundo y apagaran el sol.
Cojo una pequeña piedra que reposa tranquila en el alféizar de la ventana y la tiro. Agudizo el oído a la espera de oír cómo la piedrecita choca contra el suelo. Silencio.
Pasan los minutos y la piedra parece no haber llegado aún a su fin.
Decido saltar y, no sé cómo, acabo en una estación de metro. Hay una señora mayor sentada en un banco de madera junto a un carrito de la compra donde duerme un niño pequeño sobre unos periódicos.
Me acerco con cautela. La señora levanta la cabeza haciéndome retroceder enseguida: no tiene ojos, solo una enorme cicatriz abierta por el que asoman unos podridos dientes debajo de una rota nariz.
No sé qué pasa. No sé dónde estoy.
Tengo miedo
¿Qué es eso? ¿Una persona? ¿Un niño, tal vez?
Al final de la calle puedo distinguir una borrosa figura de un cuerpo.
Me abrocho la chaqueta: hace frío, mucho frío.
De repente, ya no estoy en aquella calle mal iluminada, sino en una habitación. Es pequeña, con una sola ventana y ninguna puerta. Huele a humedad y a algo que no puedo identificar en un primer momento. Olfateo pegándome a las mugrientas y verdes paredes. El olor es una mezcla de naranja con chocolate.
Miro por la ventana: no hay nada. Solo oscuridad. Como si colocaran una enorme sábana negra tapando al mundo y apagaran el sol.
Cojo una pequeña piedra que reposa tranquila en el alféizar de la ventana y la tiro. Agudizo el oído a la espera de oír cómo la piedrecita choca contra el suelo. Silencio.
Pasan los minutos y la piedra parece no haber llegado aún a su fin.
Decido saltar y, no sé cómo, acabo en una estación de metro. Hay una señora mayor sentada en un banco de madera junto a un carrito de la compra donde duerme un niño pequeño sobre unos periódicos.
Me acerco con cautela. La señora levanta la cabeza haciéndome retroceder enseguida: no tiene ojos, solo una enorme cicatriz abierta por el que asoman unos podridos dientes debajo de una rota nariz.
No sé qué pasa. No sé dónde estoy.
Tengo miedo
sábado, 12 de febrero de 2011
Segundos cruciales
Pasar de la felicidad al miedo, de la risa al llanto, del ruido al silencio, de la calma a la inquietud, de la vida a la muerte... Puedes pasar de una cosa a otra en un simple segundo. Ese segundo, marca una gran diferencia y, muchas personas, no saben apreciar ese pegajoso y dulce segundo
jueves, 10 de febrero de 2011
If everyone loved and nobody lied...
Como cuando a un niño se le escapa un globo, cuando te caes y el suelo raspa tus codos y rodillas, cuando mamá te regaña cuando haces algo mal, cuando no quieres comerte las verduras y papá te obliga...
Cuando alguien miente y luego descubres la dolorosa verdad.
Cuando alguien te apuñala sin que te des cuentas y es una tercera persona quien te avisa.
Cuando el amor te ciega... Y no sale nada bueno de ello...

Cuando alguien miente y luego descubres la dolorosa verdad.
Cuando alguien te apuñala sin que te des cuentas y es una tercera persona quien te avisa.
Cuando el amor te ciega... Y no sale nada bueno de ello...

miércoles, 9 de febrero de 2011
Felicidad
martes, 8 de febrero de 2011
Mientras tanto, en un lugar de tu mente...
Camino entre los delgados y desnudos árboles, observando cada detalle. El rocío se desvanece entre las hojas de los arbustos, las hormigas trepan por la corteza de los árboles y los caracoles pasean con tranquilidad por el suelo.
Parece un bosque sacado de un libro, colocado con gran delicadeza en medio de un inhóspito y ajetreado planeta, para proporcionar cobijo a las criaturas más débiles y un lugar para que alguna que otra pareja pase una noche de amor
Parece un bosque sacado de un libro, colocado con gran delicadeza en medio de un inhóspito y ajetreado planeta, para proporcionar cobijo a las criaturas más débiles y un lugar para que alguna que otra pareja pase una noche de amor
lunes, 7 de febrero de 2011
La canción del océano ~
Sentirte en otro universo, donde no hay contaminación posible y el ruido lejano sea lo único que interrumpa tus pensamientos
domingo, 6 de febrero de 2011
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